Estos ajos macerados en miel se elaboran respetando el proceso natural de activación de la alicina, el principio activo del ajo. Para lograrlo, los ajos se rompen levemente y se dejan reposar antes de ser sumergidos en miel pura, sin fundir ni intervenir el producto.
Durante la fermentación, el frasco se rota casi a diario y se oxigena para permitir la liberación de gases. Tras un reposo de entre 20 y 30 días, el resultado es una preparación equilibrada: la miel suaviza el ajo y lo vuelve más amable, mientras el ajo aporta sus nutrientes y carácter a la miel, creando un producto profundo, intenso y muy particular.