La demiglace es una de las grandes salsas madre de la cocina clásica, y también una forma natural de incorporar colágeno a la alimentación. Se elabora a partir de la extracción lenta de colágeno presente en huesos y tejidos conectivos, como la reticulina y la elastina.
El proceso es largo y sin atajos: horneado de los huesos durante casi dos horas, hervor prolongado de aproximadamente ocho horas, colado y una reducción final de dos horas más. El resultado es una salsa concentrada, gelatinosa en frío y profundamente sabrosa, ideal para carnes, guisos y platos que piden intensidad real.